martes, 30 de octubre de 2007

Las operaciones policiales contra las firms inglesas en los años 80

Las operaciones policiales contras las firms inglesas en los años 80
Durante las cotas más altas de violencia hooligan de los años 80, la policía británica adoptó una nueva táctica que hasta el momento no se había llevado a la práctica: la infiltración entre los miembros de las diversas firms. De esas infiltraciones se derivaron una serie de operaciones policiales (la primera de ellas en Marzo de 1986) que acabaron con la detención de numerosos hooligans. La operación policial más reciente ha acontecido hace unos meses contra miembros del Millwall bajo el nombre de “Burberry”, pero en las siguientes líneas nos ocuparemos de las operaciones de más renombre durante los años 80.“Operation Own Goal”.Durante la mañana del 26 de Marzo de 1986, las casas de siete seguidores del Chelsea fueron asaltadas por la policía. Estos arrestos procedían de meses de investigaciones sobre los actos de violencia planificada por parte de “Headhunters” y fue utilizada como una muestra de la línea que iban a adoptar las autoridades británicas, ya que tales detenciones se produjeron con la presencia de cámaras de televisión y el aviso a diversos medios informativos.Todos los detenidos pertenecían a “Headhunters” y tenían unas edades comprendidas entre los 19 y los 34 años, de buena apariencia y con trabajos bien remunerados. Se destacó el hecho de que a todos los detenidos se les había encontrado propaganda del Nacional Front y diversas armas blancas. En dicha operación fueron detenidos, entre otros, Steve Hickmott, líder de Headhunters en esa época.Finalmente esta operación tuvo más repercusión mediática que otra cosa, pues las conclusiones judiciales que se derivaron de las investigaciones policiales fueron mínimas (excepto para Steve Hickmott). Es más, la justicia británica acusó a la policía de que algunos de los incidentes fueron promovidos por los propios infiltrados y que estos habían participado de forma activa en los incidentes violentos.“Operation Red Card”.Esta operación policial finalizó en Enero de 1987 cuando la policía registró los hogares de 67 jóvenes presuntamente miembros de la firm del Birmingham City “Zulu Warriors”. 49 de ellos fueron encontrados culpables de diversos delitos de agresiones y amenazas, daños a la propiedad pública… 15 de los detenidos fueron condenados a penas que oscilaron entre los 3 meses y los 2 años y medio de prisión.“Operation Full-Time”.Paralela a la operación contra seguidores del Birmingham, la policía británica llevaba a cabo otra operación, esta vez en Londres y contra seguidores del West Ham y del Millwall. 25 personas fueron detenidas tras una investigación que duró 5 meses. Cuando 6 meses más tarde se concretaron los cargos contra 7 hooligans del Millwall y estos fueron llevados a juicio, no se encontró evidencia alguna que los relacionara con las imputaciones establecidas por la policía y el caso fue sobreseido.“Operation Wild Boar”.Tras 5 meses de infiltración llevada a cabo por 4 policías, 11 jóvenes fueron detenidos por participar en hechos violentos llevados a cabos por la firm de casuals del Leeds, la “Leeds Service Crew”. Tras más de 2 meses de vistas, 6 miembros de la firm del Leeds fueron condenados a 3 años, otros 2 de ellos fueron condenados a 2 años y medio de prisión y 1 de ellos fue condenado a 8 meses. Otro joven recibió una condena de internamiento durante 15 meses en un reformatorio. El capo de la firm, conocido como “El General” por su pasado como paracaidista del ejército británico, fue condenado a 4 años de cárcel, aunque se le detectó que sufría un síndrome post-traumático debido a su participación en la Guerra de Las Malvinas y fue internado en una institución psiquiátrica.“Operation White Horse and Back Yard”.El 27 de Abril de 1987, 46 jóvenes fueron arrestados en sudeste de Inglaterra. La mayoría de ellos eran seguidores del Cristal Palace (32) aunque también se arrestaron a miembros de la Inter City Firm del West Ham (14). Todos los cargos presentados contra ellos fueron sobreseídos debido a la carencia de pruebas en su contra.“Operation Dirty Den”.6 miembros de Bushwhackers del Millwall fueron arrestados en Abril de 1988 por varios delitos de lesiones y amenazas. 4 de ellos fueron puestos en libertad tras 3 meses de juicios, pero 2 de ellos fueron encontrados culpables y enviados a prisión.“Operation Spoonbill”.Después del registro de 18 casas, la policía británica detuvo a 8 seguidores del Luton en Marzo de 1988 a los que se les acusaba de pertenecer a un grupo de casuals llamado “MIGS” y de participar en diversas agresiones y haber provocado altercados públicos. Los detenidos, que contaban entre los 24 y los 38 años, fueron encontrados culpables y enviados a prisión, aunque a 5 de ellos finalmente se les impuso una pena menor.“Operation Growth”.En ese mismo mes, pero en otra localidad inglesa distinta, la policía británica llevó a cabo la operación policial más importante. 250 policías registraron las casas de 67 personas seguidores de los Wolves, aunque las posteriores investigaciones elevaron el número de detenidos a 77, con edades comprendidas entre los 17 y los 36 años. Los cargos que se presentaron contra ellos fueron los de conspiración para la perpetración de actos delictivos, desórdenes públicos y lesiones. En Diciembre de ese mismo año, 65 de ellos fueron encontrados culpables, ingresando en prisión de forma inmediata 40 de ellos. Todos los acusados recibieron una condena adicional de 5 años que les imposibilitaba acudir a un campo de fútbol.“Operation Omega”.25 seguidores del Manchester City fueron detenidos en Abril de 1988 después de una operación de infiltración que duró 6 meses. Todos ellos eran miembros de una firm casual conocida como “The Guvnors”. En los registros domiciliarios posteriores se les encontró diversas armas.“Operation Gamma”.Otra firm que sufrió una operación policial en su contra fue la del Bolton Wanderers. En Mayo de 1990, 34 miembros de dicha firm fueron encontrados culpables de diversos cargos y 9 de ellos fueron sentenciados a 3 años de prisión.“Operation Manchester United”.En Noviembre de 1990, 33 hogares de miembros de la Red Army fueron registrados por la policía británica y se presentaron diversos cargos contra ellos.Las conclusiones que se pueden extraer de todas estas operaciones es que en multitud de casos el esfuerzo realizado por la policía no ha servido para nada, bien porque las pruebas presentadas eran ridículas, bien porque no existían dichas pruebas o porque los infiltrados habían promovido o participado directamente en muchos de los actos violentos cometidos.

Política y Casualismo

Una de las cuestiones que menos se ha tratado dentro del casualismo son las implicaciones políticas del mismo. La política ha sido vista como un aspecto secundario e insignificante dentro del movimiento casual. Todas las personas que han abordado el tema desde un punto de vista periodístico no le han prestado la menor atención, puesto que consideran el casualismo como un fenómeno exclusivamente ligado al fútbol y que fuera de este, ningún otro tema tiene resonancia alguna. Y cuando se han ocupado del tema ha sido desde una óptica sensacionalista y únicamente haciendo referencia a la relación existente entre Chelsea Headhunters y Combat 18. Afortunadamente hay más “vida política” en el casualismo a parte de Headhunters.¿Está la política al margen del casualismo?Se dice que si una mentira o un tópico se repiten muchas veces, la mentira o el tópico terminan por configurar y deformar la realidad sobre lo que se está tratando. Y esto ha ocurrido con el tema de que “la política es ajena de las gradas británicas” y que el movimiento casual no ha recibido influencia política alguna o se ha formado firm alguna bajo parámetros políticos. Y esto, cuanto menos, es equivocado.Resulta difícil creer que en las fechas en las que surge el casualismo como tal dentro de las gradas británicas, con la presencia de skinheads dentro de estas gradas (y el consiguiente paso de muchos de ellos al casualismo) y el incipiente auge que por aquellas fechas tenía el National Front inglés, la política no influyera en grado alguno dentro de las gradas inglesas.El caso más elocuente es el del Chelsea, un club que contaba con una hinchada considerada tradicionalmente como “lealista y racista” y cuyos grupos de animación más radicales han tenido por bandera estas ideas. Es evidente que se ha estereotipado bastante la filiación política de la hinchada del club londinense, pero también es evidente que sus seguidores han facilitado la labor. Desde sus inicios, Chelsea Headhunters ha sido una firm que ha manifestado claramente una opción política: el lealismo. Esta ha sido la ideología del grupo desde sus inicios y el hecho de que muchos de sus miembros se consideren o simpaticen con el NS no puede dejar a un lado la ideología principal del grupo. Por ello, Chelsea Headhunters no tuvo reparo alguno en hermanarse con otras hinchadas que hacían del lealismo su bandera de enganche: la del Glasgow Rangers escocés y la del Lindfield Norirlandés, conociéndose tal hermanamiento como los “Blues Brothers” (azul es el color de la indumentaria de los tres equipos, pero también es el color tradicional de los lealistas protestantes).A pesar de que se ha producido una considerable manipulación y se ha sobredimensionado enormemente la repercusión de tendencias nacionalistas extremas dentro de la hinchada del Chelsea, es evidente también que los vínculos con la organización Combat 18 son claros, llegándose a producirse una confusa identificación entre ambas organizaciones (muchos son los que se refieren a Combat 18 como un apéndice de los hools del Chelsea; o al contrario, los hools del Chelsea son un apéndice de la organización política Combat 18). Y no hace falta mencionar el pasado político (o el presente) de algunos de los miembros más reconocidos de Chelsea Headhunters tales como Andy “Nightmare” Frain o Stuart Glass.Pero no hay que capitalizar la influencia de la política dentro de las firms británicas a la existencia de miembros de C18 entre dichas firms, o a Chelsea Headhunters. El fenómeno también se ha producido entre sus vecinos del Millwall, incluso antes de la aparición del casualismo (entre los miembros de la F-Troop), o entre firms de clubs norteños como el Oldham, Leeds, Newcastle… Y la prueba palpable de que la política está presente en las gradas británicas la podemos extraer de los episodios puntuales de violencia racista que se producen en Inglaterra (como el caso de los disturbios de Oldham en 1995) en los que la propia policía advertía de la numerosa presencia de hooligans entre los alborotadores.Si la existencia de un racismo latente y un nacionalismo cargado de tintes xenófobos es una constante entre muchas firms inglesas, tampoco hay que despreciar los intentos de una politización de carácter izquierdista, promovida desde algunas firms norteñas (caso del Manchester, Liverpool) o medios de comunicación que han promovido una especie de unión racial en torno a los colores del equipo en contraposición de una pretendida visión de algunas firms del hooliganismo como un reducto exclusivo para blancos ingleses, caso de la Inter City Firm de Cass Pennant, o los Zulu’s Warriors del Birmimghan City... A pesar de que entre estos grupos fue, ha sido y es notoria la presencia de casuals ligados a partidos ingleses de extrema derecha. Este interés por la “izquierdización” del movimiento contó con un gran apoyo entre la publicación “The End”, un fanzine que se ocupaba de la escena casual inglesa y que gozó de un status de culto entre los casuals británicos.Y de igual manera que el lealismo protestante ha sido una bandera esgrimida por la inmensa mayoría de firms inglesas (con su reflejo en la vecina Escocia en firms como la Inter City Firm del Glasgow Rangers o la Casual Soccer Firm del Heart of Midlothian) el nacionalismo separatista y el apoyo al IRA también ha contado con sus apoyos, caso del Celtic Soccer Crew del Celtic de Glasgow y del Capital City Service del Hibernian, con el apoyo tácito de sus vecinos ingleses de la Red Army del Manchester United y entre ciertos sectores de la hinchada del Liverpool.Este proceso de “izquierdización” del movimiento fracasó en su momento, si bien no se puede negar que existan tales tendencias entre grupos de las diversas hinchadas inglesas, imponiéndose una cierta aureola de que los grupos hooligans ingleses se encuentran dentro del círculo de influencia de la extrema derecha inglesa.No obstante, no podemos caer en la burda simplificación de firm inglesa = grupo de extrema derecha, porque no responde a la realidad. Pero si que es cierto que la “balanza política” está inclinada hacia un lado.Headhunters: Casualismo y política en las gradas del Chelsea.El grupo que se ha caracterizado por una politización más clara ha sido Headhunters. Y este fenómeno, aunque ha tenido eco en Inglaterra, paradójicamente ha influenciado a más firms hooligans fuera de Inglaterra que dentro de la misma Inglaterra.La introducción de la política en las gradas de Stamford Bridge hay que buscarla a medidados de los 70, cuando se produce la politización de los skinheads. The Kings Road es una zona relativamente cercana al campo del Chelsea y durante esa época fue un punto de reunión para los skins londinenses. Y fue en esa época cuando muchos de los miembros de la vieja guardia de Headhunters comenzaron su militancia en Headhunters y en organizaciones políticas tales como el National Front y el British Movement.Este desarrollo de los hechos produjo un fenómeno que en España ha tenido el reflejo más claro: los nuevos miembros de cada grupo han adoptado las ideas políticas y la estética de los miembros más veteranos. El que en los inicios de Headhunters hubiera skinheads nacionalistas entre sus filas, motivó que más skinheads se sintieran atraídos por la pertenencia a Headhunters, capitalizando la evolución estética e ideológica del grupo.Headhunters estuvo liderada desde su fundación hasta mediados de los 80 por Steven Hickmott, época en la que había aproximadamente unas 200 personas vinculadas al grupo. Steve Hickmott fue detenido tras la primera operación policial de infiltración dentro de grupos hooligans y condenado a 10 años de prisión.El relevo de Steven Hickmott fue tomado por Chris “Chubby” Henderson, cantante del grupo Combat 84. Chubby, junto a Stuart Glass, fue detenido en otra operación policial en 1987 y poco después dejó el grupo para instalarse en Tailandia, donde regenta un bar en compañía de su esposa… tailandesa.Tras unos años en los que la actividad del grupo decayó, a principios de los 90 Tony Covele tomó el mando de Headhunters en la que puede ser la etapa más violenta del grupo y en la que adquirió más notoriedad frente al resto de firms inglesas. Headhunters no sólo lideró la violencia en las gradas inglesas durante los 90, sino que fijó la línea de comportamiento de los seguidores ingleses en sus desplazamientos para presenciar partidos de la selección nacional. Como caso anecdótico, en un partido que enfrentó a Holanda e Inglaterra en la ciudad de Rotterdam en 1994, los incidentes no se iniciaron por parte de los seguidores ingleses hasta la llegada de Tony Covele junto a más miembros de Headhunters.Durante esta fecha, la politización del grupo es más evidente aún, así como unas relaciones más sólidas con miembros de las firms del Glasgow Rangers y del Lindfield de Belfast. En 1994 Headhunters emprendió una campaña contra los miembros del Chelsea Independent Supporters Association (CISA) que apoyaban las campañas anti-racistas emprendidas por la federación inglesa de fútbol. El punto culminante de esta campaña fue la agresión a 4 miembros del CISA en Agosto de 1994, que resultaron heridos graves.La presencia de miembros de Headhunters (junto a miembros de C18) en actos políticos era cada vez mayor y más habitual y esto atrajo la atención del periodismo sensacionalista. Donal McIntyre, un periodista que trabajaba para la BBC, logró ganarse la confianza de Jason Marriner (uno de los capos de Headhunters) e infiltrarse de su mano en el grupo. Tras las grabaciones realizadas por cámara oculta, se produjo una nueva operación policial contra Headhunters y contra algunos de sus miembros, tales como Jason Marriner y Andy Frain.Pero el caso de Headhunters no es el único de un grupo casual inglés que mantiene buenas relaciones o que tiene miembros en la organización C18. Casuals del Oldham, Newcastle, Leeds, Reading también han mantenido una relación fluida con C18. De hecho, la policía inglesa culpa a miembros de diversas firms hooligans y de C18 de estar detrás de los graves disturbios raciales que se produjeron en la ciudad inglesa de Oldham en 1995.Oldham: la unión de las firms norteñas.El caso de Oldham es bastante elocuente del calado que el racismo y el nacionalismo inglés tienen entre las firms hooligans. Para situarnos: Oldham es una ciudad al norte de Inglaterra con una población inmigrante (como ocurre en toda la isla) creciente y pujante. La población inmigrante de dicha ciudad es principalmente asiática y como está ocurriendo en toda Inglaterra, cada vez es más hóstil y agresiva hacia la población inglesa.Esta actitud agresiva de la población inmigrante hacia la población inglesa ha motivado que se hayan creado en muchas ciudades inglesas zonas denominadas como “no-go areas for whites” (zonas en las que no pueden entrar blancos). En 2001, el pensionista de 76 años Walter Chamberlain tuvo la mala fortuna de adentrarse dentro de una de estas zonas de Oldham tras volver de asistir a un partido de rugby. Fue atacado por una banda de asiáticos y murió por la paliza.Este hecho desplegó una ola de violencia racial en la que se involucraron activamente los Fine Young Casuals (la firm del Oldham Athletic) y miembros de C18, pero que además contaron con el apoyo de casuals del Stoke City, Stockport, Huddersfield, Manchester City y Burnley entre otros. Apoyo que no fue puntual en lo que a las horas posteriores al incidente se refiere: una semana después del asesinato del anciano británico, el Stoke City jugaba con el Oldham. Antes del partido, unos 400 casuals de la Naughty Forty del Stoke City atravesaron la zona asiática de Oldham destrozando todo lo que se encontraban a su paso. Al finalizar el partido se unieron a los casuals del Oldham para marchar de nuevo y enfrentarse a las bandas asiáticas. Los incidentes se sucedieron durante días posteriores y en todos ellos participaron miembros de la firm del Oldham y de sus camaradas del Stockport.Las autoridades inglesas extrajeron una lección de todos estos incidentes: C18 fue capaz de movilizar a más de un centenar de hooligans de diferentes equipos y ciudades para enfrentarse a las bandas asiáticas; parte de la población blanca de Oldham se unió o apoyó decididamente a estos grupos; la unión entre hooligans se produjo, tanto entre grupos que siempre habían conservado una gran amistad (Oldham y Stockport, por ejemplo) como también entre grupos que no guardaban buenas relaciones.Dublín, 1995: el casualismo lealista se une frente a Irlanda.Decenas de casuals ingleses, escoceses y norirlandeses lealistas, encabezados por miembros de Headhunters, se encontraban detrás de los graves incidentes que sucedieron en Dublín en 1995 entre seguidores ingleses e irlandeses. Incidentes que según la policía inglesa fueron planificados y liderados por miembros de C18.Si bien en el caso de Oldham fueron las firms norteñas (calificadas en el imaginario popular como de “izquierdistas” en su globalidad) las que protagonizaron los incidentes, en el caso de Dublín fueron miembros de firms sureñas, especialmente de Londres, las que se involucraron en los disturbios (más el apoyo de seguidores del Glasgow Rangers, Hearts y Lindfield). Y así seguidores del Chelsea, Millwall, Charlton, Sunderland, Reading, Postmouth… ese día estaban compartiendo grada en Dublín contra sus enemigos más odiados.¿Sólo es el C18?Quien piense que C18 es la única relación existente entre el casualismo y la política, anda totalmente equivocado. Esta vinculación entre política-casualismo no es patrimonio exclusivo de C18. No son pocos los casuals británicos que han mostrado su apoyo (en actos o manifestaciones) a partidos como el NF, BNP o el British Movement, así como han ejercido muchas veces de servicio de seguridad durante los actos organizados por dichos partidos. Pero la relación entre política-casualismo abarca una implicación mayor y en una dirección un tanto diferente: el lealismo.Ya hemos indicado que el lealismo ha sido la bandera representativa de la inmensa mayoría de firms casuals inglesas, si descontamos a miembros del Liverpool y Manchester United (así como grupos menores de otras hinchadas), hinchadas que siempre se han caracterizado por su carácter “católico” (al contrario que sus vecinos del Manchester City o del Everton).Este posicionamiento lealista y el culto a la violencia entre los casuals ingleses tiene el reflejo en las simpatías que grupos terroristas lealistas como el UVF o el UDA despiertan entre las firms inglesas, llegándose el caso de que algunos de sus miembros hayan pasado a militar dentro del UVF. Casos anecdóticos por lo más, pero que no dejan de mostrar el grado de sintonía entre ambos fenómenos (el lealismo y el casualismo) a pesar de que algunos se empeñen en indicar que el casualismo “sólo es violencia motiva por cuestiones futbolísticas y ropa cara”.

Cabrones de gatillo fácil

El pasado 23 de Noviembre tenía lugar en el estadio del PSG uno de los hechos más graves que se han producido dentro de las gradas europeas: el asesinato de un joven seguidor del PSG. Pero al contrario que otros luctuosos sucesos, esta vez el asesino no era seguidor de otro club, no pertenecía a una hinchada violenta, no era un extremista político: el asesino ha sido un POLICÍA.El 23 de Noviembre pasado tenía lugar en París la celebración del encuentro de copa de la UEFA entre el PSG y el Hapoel Tel-Aviv. Al término de este encuentro, un policía acaba, de un certero tiro en el corazón, con la vida de Julien Quemener, joven seguidor del PSG de origen bretón, disparo que también terminaba hiriendo gravemente a Mounir Bouchaer, también seguidor del PSG, de origen magrebí y amigo del asesinado.Inmediatamente la prensa, la policía (a instancias políticas) y la clase política francesa (con el apoyo de todas las ratas de cloaca que transitan entre ongs varias, tales como “SOS Racisme”) emprenden una impresionante campaña de manipulación y distorsión de todo lo acontecido en los alrededores del campo parisino.De esta campaña de manipulación se establece un guión de lo acontecido en el que el asesinado, Julien Quemener, adopta el papel de villano, y su asesino, Antoine Gramomort, el de héroe. Guión que es repetido hasta la saciedad en los periódicos e informativos galos (con su correspondiente eco en los medios de comunicación europeos) para intentar imponer una “versión” que poco tiene que ver con lo acontecido esa noche del 23 de Noviembre en París, y menos aún con la personalidad del asesinado y la supuesta “responsabilidad” de los grupos de animación del PSG.Una mentira tras otra.El punto fuerte de toda esta manipulación gira en torno a una “realidad indiscutible”: Julien, junto a casi dos centenares de hooligans neo-nazis, estaban linchando a un pobre aficionado judío y a un policía de paisano que había acudido en ayuda del desdichado aficionado judío. Y esto había ocurrido porque Julien, como las otras 149 personas participantes en el linchamiento del indefenso aficionado judío, era un hooligan neonazi que había sido alentado por Jean Marine Le Pen para dar caza a todos los judíos que acudiesen al partido.Las frases con las que he descrito el suceso no se producen en un arranque de ironía o sarcasmo, sino en un reflejo de lo que han escrito los medios de comunicación franceses sobre el asunto: Julien ha pasado de ser un simple seguidor del PSG a poco menos que ser uno de los hooligans más peligrosos de Francia; un intercambio de insultos entre varias personas se ha convertido en una de las peleas campales más violentas de toda la historia del hooliganismo; un hecho anecdótico de “violencia deportiva” se ha convertido en una acción de violencia urbana urdida en los calabozos y mazmorras de la sede parisina del Frente Nacional. Y todo ello pasando por encima de la memoria de un joven asesinado y de la verdad de todo lo acontecido.Pero las mentiras caen por su propio peso, y en este caso poco a poco todo va saliendo a la luz. Si Julien hubiera sido un violento hooligan, hubiera estado ligado al Frente Nacional, o se le pudiera relacionar con cualquier grupo racista, no se habría llegado nunca a ver la luz. Pero resulta que Julien Quemener, no sólo no era racista, ni neo-nazi, ni miembro de Paris Casuals; no sólo no estaba fichado por la policía francesa como perteneciente a grupo hooligan o político alguno, sino que ni tan siquiera se había visto envuelto en acto violento alguno y la relación que mantenía con los grupos de animación del PSG no distaba más allá de la atracción que muchos jóvenes sienten por los colores de su equipo, sin llegar más lejos. Además, dato curioso al tratarse de un “supuesto neonazi”, Julien Quemener fue asesinado en compañía de su amigo Mounir Bouchaer, de origen magrebí. Algo ciertamente curioso. Y para convertir en más rocambolesca aún toda esta historia, el asesino de Julien Quemener, era un policía de raza negra: Antoine Gramomort.Otro aspecto curioso de todo este hecho es que la “supuesta agresión multitudinaria” se produce en una zona del campo en el que no tienen presencia alguna los hooligans parisinos y en la que en esa hora había una fuerte presencia policial (no en vano el encuentro había sido declarado de alto riesgo).Ni un guionista de cine hubiera soñado con un guión tan perfecto: hordas de neonazis intentan acabar cobarde y salvajemente con la vida de un indefenso seguidor del Hapoel Tel-Aviv que había llegado desde Israel para ver el partido. Ante este ataque brutal aparece en escena un policía negro que a duras pena repele el ataque de las hordas racistas, con tan mala fortuna que mata “accidentalmente” a uno de estos salvajes (que por otro lado le estaba bien empleado, todo hay que decirlo) a pesar de que había insistido durante media hora larga que era policía y que se alejaran (todo esto mientras los hooligans del PSG apaleaban, apuñalaban, le tiraban vallas, sillas, un coche, un contenedor y un semáforo, según se desprende de la versión del ministro Sarkozy).Pero claro, resulta que no hay una agresión multitudinaria (si por agresión multitudinaria entendemos un intercambio de insultos entre los seguidores franceses y el judío); resulta que la multitud de 150 personas son 3; resulta que el joven judío venido de Israel ha nacido en Francia y casi con toda seguridad no ha pisado Israel en su vida (a pesar de ello el gobierno de Israel ha felicitado y tiene previsto condecorar al policía francés); resulta que los violentos hooligans son simples seguidores de un club de fútbol; resulta que entre los fanáticos hooligans neonazis hay un moro; resulta que el policía no se identifica en ningún momento (la grabación de las cámaras del establecimiento donde ocurrieron los hechos lo han puesto de manifiesto) y no sólo eso, sino que tras lanzar una bomba de gases lacrimógenos a los seguidores franceses efectúa un disparo a bocajarro a menos de 4 metros de distancia, sin que nadie hubiera hecho el ademán tan siquiera de atacarlo.Es evidente que la realidad de lo ocurrido y la “versión oficial” difieren un poco. Pero tampoco importa mucho. Tengamos en cuenta que Antoine Gramomort es un ejemplar funcionario del estado, siempre presto a hacer cumplir la ley, a pesar de que está a la espera de la ejecución firme de una condena a 5 años de prisión y al pago de una elevada sanción por haber fingido un secuestro y una violación durante tal secuestro. Y es que a veces se eligen a los protagonistas con demasiadas prisas y estos no cumplen las exigencias del guión.Represión contra Boulogne Boys.Este suceso además ha motivado que se inicie una campaña de represión feroz contra los miembros del grupo Boulogne Boys del PSG y otros grupos de seguidores, especialmente contra Paris Casuals. De hecho, las autoridades galas están elaborando una serie de medidas destinadas a prohibir la asistencia a eventos deportivos a ciertos grupos de animación… Siempre y cuando estos grupos de animación tengan o se les vincule a una ideología determinada.La movilización de BB, PC y otros grupos no se ha hecho esperar y por todos los medios están intentando que se conozca la realidad de lo ocurrido. Así, el pasado 3 de Diciembre tuvo lugar una manifestación a la que acudieron más de 1200 personas, que bajo un silencio sepulcral, y en compañía de los padres de Julien, demandaron justicia.La situación en torno a las gradas parisinas es bastante tensa y el temor de muchos es que todo desemboque en una explosión de violencia incontrolada ante las injusticias que se están cometiendo, en primera instancia con Julien Quemener y sus familiares, y en segunda, con todos sus compañeros de grada.Por nuestra parte intentaremos manteneros informados sobre todo lo que vaya aconteciendo en torno a este caso. Para más información podéis consultar en las siguientes páginas webs todo lo relacionado con este hecho.Justicia para Julienhttp://main.justicepourjulien.fr/Paris Casualshttp://www.pariscasuals.com/Boulogne Boyshttp://boulogne-boys.org/Igualmente solicitamos a todos aquellos que están haciendo una causa política de todo este hecho, que cesen en tal campaña. Simplemente han asesinado a un joven seguidor de un club de fútbol (que no es poco). Así que por favor, no vamos a colocar a Julien en tal o cual ideología, en éste o en aquel grupo. Tengamos un mínimo de decoro. Algo de lo que no pueden presumir las autoridades francesas y judías.

La parodia del casualismo

En muchas ocasiones, el escuchar al personal opinando sobre casualismo es poco menos que asistir a un circo: cada uno da una opinión más enrevesada, en un intento de un “más difícil todavía”. Para ser sincero no entiendo porque ese afán de enredar todo y de no ser claros y concisos con una cultura urbana que ronda las tres décadas de existencia.Ser un casual: como pasar desapercibido.Una de las cuestiones sobre las que más se debate en torno al casualismo es la concepción del casualismo como “pasar desapercibido”. Y todo lo que no sea pasar desapercibido, no tiene lugar dentro del casualismo.Así algunos se aventuran a decir que ser “casual” es seguir la corriente estética más de moda en según que ciudad, para pasar desapercibido entre la masa. Otros entienden que si hay que pasar desapercibido, entonces lo que hay que hacer es tirar de ropa de mercadillo, “del carrefour” y dejarse de otro tipo de marcas.Es curioso que los que debaten, más opinan, más “ideas aportan” a esta pretendida concepción del casualismo, son aquellos que no se sienten partícipes de él. O más aún: aborrecen públicamente de esta concepción estética.Es preciso dejar por sentado, por si ya no lo han hecho suficientes voces, con bastante más autoridad y conocimiento del tema que servidor, que el casualismo NO ES PASAR DESAPERCIBIDO. El casualismo es una corriente estética que arranca desde finales de los 70 y que, a parte de una tendencia estética, mantiene una estrecha relación con el mundo de las gradas y que tiene ciertas tendencias musicales asimiladas como “pertenecientes al casualismo”.No es por tanto el sentido del casualismo el pasar desapercibido ante la policía ni ante las “firms rivales”. Quizás en España pueda observarse como un absurdo el definirse como un “casual”, debido a la falta de tradición, al desconocimiento generalizado de esta cultura urbana y al cúmulo de tópicos y clichés erróneos que se tienen sobre el casualismo. Pero no lo es así en Inglaterra, donde es una “cultura urbana” perfectamente definida y reconocible (con los inconvenientes que ello conlleva a la hora de acceder a determinadas zonas de ocio).Ser un casual: como uniformarse correctamente.Otra de las parodias en las que está cayendo el casualismo, y que en España puede convertirse en una parodia elevada al cuadrado dada la capacidad que tenemos en nuestro país para adoptar y deformar las cosas a nuestro antojo, es la “uniformidad estética”.Si precisamente una de las cuestiones que más ha posibilitado el desarrollo del casualismo y su evolución y supervivencia a lo largo del tiempo es el afán de personalidad y gusto por una estética individualizada de sus primeros miembros, de, tirando de terminología inglesa, los “old faces”.Evidentemente han existido artículos, marcas y hasta corrientes estéticas dentro del casualismo que se han seguido “en masa”. Pero actualmente no es que exista devoción por un modelo de zapatillas, por una parka o un jersey. No. Lo que se pretende es crear una uniformidad sin personalidad alguna, cayendo en el mismo error que ya cometió la cultura skin en su momento.Los motivos de esto pueden encontrarse en varias cuestiones, pero principalmente pueden hallarse en la estandarización de la estética a través de los medios de comunicación ingleses, con su fijación monotemática en marcas como Stone Island, Burberry y Aquascutum. La aparición de películas como “Hooligan” han hecho un flaco favor al movimiento (en el aspecto estético y en muchos otros) y así no es extraño ver en Inglaterra a grupos de chavalillos menores de 20 años uniformados con gorrita Aquascutum, parka Stone Island y jersey Burberry. Todo lo que esté fuera de estos cánones estéticos es desechado como “no perteneciente al casualismo”.No deja de ser sintomático el desprecio generalizado expresado por veteranos dentro de las gradas británicas por las nuevas tendencias y por marcas como Stone Island. Desprecio que viene motivado por la estandarización y homogeneidad de la estética casual.Hay que tener en cuenta que cuando una estética se estandariza, cuando se recurre a la uniformidad en una cultura urbana que precisamente prima la elegancia, la diversidad estética y la personalidad, su final está muy cerca. O al menos el hecho de que se convierta en una parodia de lo que realmente tiene que ser.Ser un casual: como hacer el garrulo.Otro de los absurdos que rodea la escena casual en España es el de la gente que, con una estética llamémosle pseudo-skinhead-futbolera, dicen ser “casuals”.Es la gente que se coloca tras una pancarta con un claro y llamativo “Casuals” y se visten con pantalones militares, sudaderas lonsdale, gorritas adidas o umbro y, claro está, futboleras adidas.O los que van más allá, “profundizan más en la estética” y cambian la gorra adidas por burberry de imitación, los mimetas por rangers negros y la sudadera lonsdale por umbro, en un alarde de más personalidad.Incluso tenemos los que “rizan el rizo” y no dudan en comprarse parches con el logo “casuals” para adornar sus bombers.Por no olvidarnos del chándal nike, sudadera "El niño" o "No Fear", cordones de oro y zapatillas de muelles (eso sí, la gorrita no puede faltar tampoco). Y es que “de todo hay en la viña del señor”.Esto tenía su lógica en los 90, cuando la peña se dejaba crecer el pelo, se compraba unas futboleras y arrinconaba las Doc Martens. Renovar el armario era bastante costoso y difícil, así que seguía uno tirando de Lonsdale, Ben Sherman y demás complementos de la “skinhead clothing”. Y a la hora definirse (o definirle) se consideraba uno “casual”. Y no se le caía la cara de vergüenza.Pero a día de hoy, las garruladas y catetadas de este calibre, deberían estar fuera de lugar.Así que si queremos tener un escena mínimamente decente y centrada en los orígenes y la razón de ser del casualismo, lo primero que deberíamos hacer es corregir lo anteriormente mencionado.

La escena casual en Portugal

Como ocurre en la mayoría de los países europeos, la cultura casual está creciendo en Portugal. Este crecimiento está motivado por diversos factores, que se repiten de igual manera en otros países: aumento de la represión policial, escisiones dentro de los grupos más importantes, nuevos planteamientos dentro de la “vieja guardia” de cada grupo con respecto a la tradicional estética ultra… Algo que, en su esencia, no es problemático si no se convierte en una simple moda.En Portugal, como ocurre en España, no existe mucha gente involucrada en la escena casual, siendo algo lógico dentro de la tendencia natural de los países del ámbito cultural latino de estar más relacionados con la estética ultra "a la italiana”.
Tampoco hay que viajar mucho en el tiempo para encontrar las primeras referencias a la cultura casual en las gradas portuguesas, ya que éstas datan de mediados de los 90.Grupos casuals.Sin embargo, dentro de los grupos de los equipos más importantes si existen ciertas facciones o pequeños grupos que siguen una tendencia puramente casual. De todos estos grupos, el más destacado quizás es No Name Boys, del Benfica, un grupo que rehuye de cualquier relación con la policía y que plantean sus desplazamientos al margen de los oficiales del resto de seguidores (los viajes se realizan en coches y furgonetas particulares). Es el grupo que más gente tiene vinculada a una estética casual.Al igual que No Name Boys, existen secciones de grupos vinculados al casualismo, caso del Boavista y del Oporto, así como ciertos grupos desligados del resto de grupos ultras y que se mueven de una forma autosuficiente, caso del Sporting de Lisboa.Estética.En lo que se refiere al aspecto estético, Portugal es un país que goza de cierta falta personalidad estética (al igual que ocurre con España) y los patrones estéticos que se siguen son los que se marcan en las islas y dentro del espectro más “clásico” en lo que a marcas se refiere. Burberry, Lacoste, Hackett, Ralph Lauren y en menor medida Stone Island son las marcas de ropa más utilizadas en Portugal.
En lo que a calzado se refiere, Adidas y Rockport monopolizan la escena casual portuguesa, junto a las típicas gorras Burberry y Aquascutum.Política en las gradas portuguesas.Con respecto a la política, no es algo a lo que se dé mucha importancia dentro de las gradas portuguesas. Aún así, y como ocurre en España, las implicaciones políticas de la escena casual portuguesa generalmente viran a la derecha (entiéndase por derecha en sentido generalista y minimalista dentro de una dicotonomía política izquierda-derecha).A pesar de ello hay grupos que mantienen una reconocida tendencia política de extrema derecha, caso del Grupo 1143 del Sporting de Lisboa; o de planteamientos izquierdistas (minoritarios en las gradas portuguesas) como el caso del Gruppo ultra del Estoril o entre determinados miembros de los No Name Boys.Pero por lo demás, la presencia de la política entre las gradas portuguesas tiene una importancia secundaria.Artículo elaborado con la colaboración de R. M de PortoLads CF